Saludos.
Hemos tenido varios mails y peticiones de niñas, chavas y mujeres para hacer ahora un libro sobre cómo conquistar a un hombre.
Sin duda es una gran idea y pronto comenzaremos ese proyecto: un libro para conquistar un hombre, escrito por mujeres y con el punto de vista masculino.
Por lo pronto... alguno tiene un consejo para alguna princesa Leia en busca de su pirata espacial?
martes, 7 de diciembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
You're my only hope
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Gracias! :D
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miércoles, 3 de noviembre de 2010
Hola.
He aquí un fragmento más de "Cómo conquistar a la Princesa Leia":
(...)Enamorado de Ale me pasé cuatro años, hasta que un 14 de febrero me decidí: por fin iba a declararle mi amor a Ale.
Para ese momento, Ale ya sabía que yo estaba enamorado de ella (los secretos de enamoramientos no son tan secretos como uno cree). Para bien o para mal, no le caería de sorpresa.
Me armé de valor, le dije que si podía hablar con ella. El tono grave de mi voz seguramente anticipaba mis intenciones.
Ale -le dije- sabes que me encantas… ¿quieres ser mi novia?
Por segunda vez en mi vida, -¡después de 6 años!- volví a llegarle a una chava… y, por segunda vez en mi vida, me dijeron NO.
Gerardo –me dijo Ale- eres muy lindo, me siento halagada… pero te quiero como amigo
¡Otra vez! ¡Otra vez me bateaban! Por segunda vez consecutiva me habían rechazado. A alguien como a mí, a quien tanto le costaba aceptar sus sentimientos, abrirse a la gente, que era tan inseguro… volvían a rechazarlo.
He aquí un fragmento más de "Cómo conquistar a la Princesa Leia":
(...)Enamorado de Ale me pasé cuatro años, hasta que un 14 de febrero me decidí: por fin iba a declararle mi amor a Ale.
Para ese momento, Ale ya sabía que yo estaba enamorado de ella (los secretos de enamoramientos no son tan secretos como uno cree). Para bien o para mal, no le caería de sorpresa.
Me armé de valor, le dije que si podía hablar con ella. El tono grave de mi voz seguramente anticipaba mis intenciones.
Ale -le dije- sabes que me encantas… ¿quieres ser mi novia?
Por segunda vez en mi vida, -¡después de 6 años!- volví a llegarle a una chava… y, por segunda vez en mi vida, me dijeron NO.
Gerardo –me dijo Ale- eres muy lindo, me siento halagada… pero te quiero como amigo
¡Otra vez! ¡Otra vez me bateaban! Por segunda vez consecutiva me habían rechazado. A alguien como a mí, a quien tanto le costaba aceptar sus sentimientos, abrirse a la gente, que era tan inseguro… volvían a rechazarlo.
viernes, 15 de octubre de 2010
(...) hubo una constante que me acompañó hasta los 24 años: no tenía novia, ni citas y, prácticamente, no tenía ninguna experiencia con respecto a mujeres. Mentía con respecto a mi virginidad y solía manipular lo que decía a los amigos para que pareciera que yo era un conquistador exigente y que por eso no tenía novia (esperaba a la mujer ideal y, mientras ésta no llegara, mejor andar solo).
Pero la realidad es que yo era un temeroso muchacho que se moría por salir con una mujer, besarla, abrazarla, tener un romance… pero no sabía cómo hacerlo… y entre más pasaba el tiempo, más difícil era (¿han visto la película “Virgen a los 40”?, si es así, sabrán de qué hablo).
Años más tarde, he salido con docenas de chavas, algunas realmente unas princesas. Jóvenes, mayores, rubias, trigueñas, morenas… todas lindas y algunas muy muy guapas. Inteligentes, cultas, ricas, pobres, extrovertidas, tímidas… De ser un muchacho timorato (nerd, pobre, gordo, freacky), pasé a ser un tipo con una merecida fama de conquistador. Puede sonar algo presuntuoso y autocomplaciente, pero lo expongo así para que se aprecie el contraste. Hace unos años no me hubiera atrevido a invitar a salir ni a la que vendía chicles en la esquina y ahora salgo con mujeres guapas, inteligentes, cultas, simpáticas y talentosas...
Pero la realidad es que yo era un temeroso muchacho que se moría por salir con una mujer, besarla, abrazarla, tener un romance… pero no sabía cómo hacerlo… y entre más pasaba el tiempo, más difícil era (¿han visto la película “Virgen a los 40”?, si es así, sabrán de qué hablo).
Años más tarde, he salido con docenas de chavas, algunas realmente unas princesas. Jóvenes, mayores, rubias, trigueñas, morenas… todas lindas y algunas muy muy guapas. Inteligentes, cultas, ricas, pobres, extrovertidas, tímidas… De ser un muchacho timorato (nerd, pobre, gordo, freacky), pasé a ser un tipo con una merecida fama de conquistador. Puede sonar algo presuntuoso y autocomplaciente, pero lo expongo así para que se aprecie el contraste. Hace unos años no me hubiera atrevido a invitar a salir ni a la que vendía chicles en la esquina y ahora salgo con mujeres guapas, inteligentes, cultas, simpáticas y talentosas...
viernes, 27 de agosto de 2010
Ahora también en Mercado Libre
http://articulo.mercadolibre.com.mx/MLM-50996439-comoconquistar-a-la-princesa-leia-como-conquistar-mujeres-_JM
lunes, 21 de junio de 2010
La misoginia
La Real Academia Española de la Lengua define misoginia como la aversión u odio a las mujeres. Creo que la misoginia es, en el fondo, un miedo torpe hacia la mujer, aquel originado por el desconocimiento.
Yo tenía fama de misógino en la universidad, pues solía hacer comentarios que hacían parecer a las mujeres como “seres de cabello largo e ideas cortas” –como diría Pierre Proudhon-. Me gustaba citar frases misóginas de Nietzsche o Schopenhauer, donde las hacía ver como bellas pero vacías, monstruos ávidos de atención que aprovechaban su atractiva apariencia para hacer que los hombres, sus felices esclavos, hicieran todo por ellas, desde cambiar una llanta o ayudarlas con la tarea escolar hasta mantenerlas de por vida.
En aquellos años, yo realmente creía lo que decía, pero con los años me di cuenta de que mis teorías misóginas se basaban en cosas que leía y en un superficial conocimiento de las mujeres: como nunca había tenido una relación real, saludable con alguna, sólo podía hacer juicios superficiales, parciales, enfermos.
Estaba aplicando mi refrán: SI NO PUEDES UNÍRTELES, VÉNCELAS. Con el tiempo descubrí que mi aparente misoginia sólo era una careta más para cubrir mis temores, mi incapacidad para conocer, para relacionarme sanamente con una mujer. Una vez que las conocí profundamente, deseché todas estas absurdas ideas misóginas y puedo decir que me alegro de haberlo hecho.
Si quieres conquistar a la mujer de tus sueños, a cualquier mujer, convivir con cualquiera saludablemente, te recomiendo desechar las ideas misóginas, si es que las tienes. Tu vida será más rica, te lo aseguro.
Yo tenía fama de misógino en la universidad, pues solía hacer comentarios que hacían parecer a las mujeres como “seres de cabello largo e ideas cortas” –como diría Pierre Proudhon-. Me gustaba citar frases misóginas de Nietzsche o Schopenhauer, donde las hacía ver como bellas pero vacías, monstruos ávidos de atención que aprovechaban su atractiva apariencia para hacer que los hombres, sus felices esclavos, hicieran todo por ellas, desde cambiar una llanta o ayudarlas con la tarea escolar hasta mantenerlas de por vida.
En aquellos años, yo realmente creía lo que decía, pero con los años me di cuenta de que mis teorías misóginas se basaban en cosas que leía y en un superficial conocimiento de las mujeres: como nunca había tenido una relación real, saludable con alguna, sólo podía hacer juicios superficiales, parciales, enfermos.
Estaba aplicando mi refrán: SI NO PUEDES UNÍRTELES, VÉNCELAS. Con el tiempo descubrí que mi aparente misoginia sólo era una careta más para cubrir mis temores, mi incapacidad para conocer, para relacionarme sanamente con una mujer. Una vez que las conocí profundamente, deseché todas estas absurdas ideas misóginas y puedo decir que me alegro de haberlo hecho.
Si quieres conquistar a la mujer de tus sueños, a cualquier mujer, convivir con cualquiera saludablemente, te recomiendo desechar las ideas misóginas, si es que las tienes. Tu vida será más rica, te lo aseguro.
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